El planeta lo salvamos desde el cole

La Tierra necesita que cambiemos radicalmente. Cuando para poder conservar hay que ser radical, la mayor revolución es la educación y si queremos que nuestra sociedad cambie tenemos que actuar desde los cimientos. 

Todo apunta a que la herencia que vamos a dejar a las futuras generaciones va a ser catastrófica, el planeta que heredarán no se parecerá en nada al que hemos conocido nosotras. Los libros que leíamos en la infancia sobre los animales extintos más conocidos, los dinosaurios, ellos los leerán sobre multitud de especies más sin las que,  a día de hoy, seguimos sin concebir nuestro planeta. Pero no sólo debemos preguntarnos qué mundo dejaremos a nuestros hijo e hijas sino qué hijo e hija dejaremos en este mundo.

Por eso la mejor herencia que podemos dejarles es nuestro propio cambio y asociado a este cambio inculcar una educación desde la base con una lógica diferente a la que se nos ha enseñado a nosotros. Sin embargo, en este caso, la labor de los y las docentes no termina en los alumnos y alumnas, el importante poder de influencia que tienen los niños y niñas en los hogares y en su entorno hace que las escuelas sean un punto de partida para esta transformación. Cuando los más pequeños comprenden el entorno, la importancia de conservarlo y saben como hacerlo, actúan como educadores sociales corrigiendo conductas que consideran erróneas.

El cambio siempre comienza desde lo más pequeño, desde lo más cercano, por eso si somos capaces de cambiar los pequeños actos que componen la vida de un niño o una niña seremos capaces de cambiar toda una sociedad. La vida de un niño y niña, con riesgo a parecer simplista, tiene varios momentos esenciales: la alimentación, el transporte a la escuela, el estudio y el tiempo de juego.

 

 

Comedores saludables y sostenibles

La alimentación es la base para una vida sana pero también es la base para mantener nuestro planeta sano. En La Tierra vivimos más de 7 mil millones de personas y la producción de alimentos es uno de los principales generadores de gases efecto invernadero, sólo detrás de las industrias energéticas. Replantearnos qué producimos y cómo producimos es esencial para  evitar la degradación total del planeta. Según un estudio de The Lancet, si se quiere alimentar a toda la humanidad de forma saludable, sin degradar los ecosistemas naturales, se requiere una  dieta basada fundamentalmente en alimentos de origen vegetal, pero que puede incluir de forma ocasional cantidades modestas de pescado, carne y productos lácteos.

En la Comunidad de Madrid los comedores escolares juegan un papel esencial en el cambio de los hábitos alimenticios en la infancia. Ya son cerca de 200.000 los alumnos y alumnas hacen uso diario de comedores escolares, una cifra más que relevante para fortalecer el cambio hacia sistemas alimentarios basados en la producción agroecológica sostenible, de cercanía y que fomenta hábitos alimenticios saludables.

 

Entrada al cole libre de humos

El transporte es otro de los principales responsables de los gases efecto invernadero. En España ya hay 0’46 vehículos por persona, eso quiere decir que casi una de cada dos persona tiene coche en nuestro país. En Madrid los desplazamientos diarios a nuestros puestos de trabajo o a la escuela superan los 2 millones y ya que es inevitable tener que desplazarnos la mejor opción es que estos desplazamientos contaminen lo menos posible. Además numerosos estudios como el realizado por Camino Escolar asocian los problemas respiratorios en la infancia con la alta exposición a la contaminación producida por los vehículos  en las salidas de los colegios. Por lo que el uso de transportes menos contaminantes como bicicletas o coches eléctricos no sólo ayuda al medio ambiente sino que ayuda a la salud de los más pequeños.

Conocí el planeta y aprendí a cuidarlo

El cambio en los hábitos y comportamientos  se puede conseguir con ejercicios de educación basados en el conocimiento. De nada vale informar sin formar por lo que para entender por qué el planeta está llegando al colapso es necesario conocer las normas naturales que marcan el ritmo del planeta y de los seres y elementos que lo componen.

Si bien es verdad que la asignatura de ciencia también llamada conocimiento del medio o ciencias naturales, siempre ha existido en el programa curricular de los centros educativos, la forma de enseñar este contenido puede hacer que los alumnos y alumnas entiendan la naturaleza como una serie de normas abstractas escritas sobre papel o como una realidad viva que conforma todo nuestro entorno. Una conocida frase de Confucio dice “Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí”, siguiendo la manera de entender la educación de Confucio la mejor manera de entender el entorno es haciendo y experimentando por uno mismo, tocando la tierra con las propias manos e interiorizando los datos a través de la propia curiosidad. Los huertos escolares o los laboratorios experimentales en las aulas son un claro ejemplo de esta manera de aprendizaje práctico.

Los huertos escolares ayudan a entender el ritmo de la naturaleza, ayudan a conocer mejor los alimentos, como crecen, de qué manera el ecosistema y la biodiversidad son necesarios para nuestra alimentación y por qué debemos conservarlo.

Los laboratorios experimentales utilizan la metodología indagatoria para que los alumnos y alumnas no sólo aprende contenidos, sino que experimenten por si mismos los procesos científicos que les permite llegar a sus propias conclusiones.

 

Jugar libre y natural

Más allá de las horas lectivas, otro espacio de aprendizaje para la infancia es el espacio de juego. Jugar es un pilar esencial en el desarrollo cognitiva , el fomento de la creatividad y de las habilidades sociales de los niños y niñas, pero hay que diferenciar jugar de juego, el juego tiene normas, reglas establecidas, un principio y un fin, mientras que jugar es dejar vía libre a la imaginación, tener la posibilidad de crear infinitas formas de interacción con el entorno y la naturaleza es el escenario idóneo para jugar.

 La naturaleza no es un tablero, sino un mundo infinito por descubrir. Además, una vez que has abierto el camino a la curiosidad por la naturaleza las posibilidades de que estos pequeños exploradores y exploradoras se conviertan en futuros defensores del medio ambiente es mucho mayor.  Por eso ¡¡llenemos los coles de espacios naturales y juego libre!!

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