Uno de los objetivos de Germinando es la generación de conocimiento, invitar a la reflexión. Con esta idea en mente, nuestra compañera Andrea Estrella Torres ha trabajado junto a su padre, Adolfo Estrella Cabrera, en este artículo sobre el potencial de los huertos escolares desde una perspectiva social.

«El huerto educativo escolar se revela cada vez más en muchos países como una valiosa herramienta para trabajar en torno a la educación ambiental y a la sostenibilidad. Y ahora, frente a las altas posibilidades de colapso civilizatorio y biológico que se anuncian como efecto de la doble acción del caos climático y el agotamiento de combustibles fósiles, los huertos educativos muestran sus potencialidades como espacios de prefiguración o anticipación, a la vez política y pedagógica. 

Los conceptos y prácticas de los huertos escolares han dado lugar a iniciativas académicas, congresos, seminarios, publicaciones etc., así como a la configuración de una comunidad internacional de practicantes. Sirva de ejemplo el IX Encuentro de la Red Internacional de Huertos Educativos (Villarrica, Chile, 2019) y la plataforma School Garden Suport Organization Network. 

El uso del huerto escolar ocurre en los centros educativos en todos sus grados. Con mayor frecuencia, es utilizado de manera transversal para desarrollar cualquiera de los contenidos del currículo y comienza a ser parte de las demandas de muchos centros. Son también más abundantes los recursos y los apoyos formativos disponibles para el profesorado que quiera utilizar el huerto en su práctica docente (Estrella y Jiménez, 2020).

El concepto de huerto educativo es más amplio que el concepto de huerto escolar. Pueden existir huertos que cumplan funciones educativas fuera del espacio escolar. En este artículo nos centraremos exclusivamente en los huertos escolares, aunque muchas de sus reflexiones pueden ser útiles para los huertos educativos en general. 

Un huerto escolar contiene en sí mismo un potencial de enseñanza y una identidad pedagógica capaz de constituirse como el núcleo de proyectos educativos transversales. Posee, por su misma configuración sistémica, una gran capacidad de articular saberes y prácticas diferentes. Es un lugar de convergencia e interacción de personas, de instituciones, de energías, de perspectivas, de informaciones y prácticas variadas, es decir, es un nodo y esto ofrece la posibilidad de hacer infinitas distinciones y poner en contacto mundos observados de muy diferente naturaleza.

Sin embargo, desde nuestro punto de vista, existe aún un déficit de investigaciones, reflexiones y propuestas en torno a los procesos de enseñanza- aprendizaje específicos de los huertos escolares. Es decir, disponemos de escasas referencias a los aspectos pedagógicos y didácticos de los huertos escolares que definen su particularidad como recurso educativo. Creemos que el huerto en sí mismo, en su relación con el aula, el currículo y la escuela en general, formal o informal, oficial o alternativa, cualesquiera sean sus formas y convicciones pedagógicas, tiene características distintivas que lo hacen merecedor de reflexiones innovadoras que ayuden a extraer todo su potencial.

En este texto proponemos, de manera introductoria, la perspectiva de los “sistemas observadores” como herramienta pedagógica y didáctica para abordar la comprensión y uso del huerto como recurso educativo. Un huerto escolar puede ser considerado un “sistema observado” porque quienes interactúan con él y en él “trazan distinciones”, es decir, diferencian elementos o componentes que pueden agrupar en sistemas y en subsistemas y establecer relaciones entre ellos. La posibilidad de relacionar mundos percibidos está siempre en la base de toda buena pedagogía, es decir, de aquella que no se reduce a transmitir y a explicar, sino que busca provocar asombro, interés, complicidad y comunidad de observaciones y aprendizajes, relacionando y contrastando lo cercano y lo lejano y lo conocido con lo desconocido.

En el espacio del huerto escolar el alumnado, sus docentes y cualquier otro agente (madres y padres, tutores, barrio etc.) que participe en él son, a la vez, sistemas observadores y sistemas observados. Son sistemas observados de “primer orden”, entre sí, porque los docentes observan a los alumnos y los alumnos a los docentes y el huerto es observado por ambos al hacer distinciones en él. Pero los docentes son sistemas observadores de “segundo orden” porque “observan la observación” de los alumnos en relación al huerto. Lo mismo sucede con estos últimos que, en principio, pueden observar la observación de los docentes y las de otros alumnos. Volveremos sobre esto en apartados siguientes por su relevancia desde el punto de vista pedagógico definiendo en detalle los conceptos sistémicos utilizados en nuestra propuesta.

Por otra parte, la Pedagogía de lo Común, el otro componente del marco teórico en relación al huerto escolar desde el que partimos en esta reflexión, es una propuesta de innovación que se aleja de la tradición pedagógica basada en las ideas de transmisión y explicación de contenidos y apuesta por un “aula creadora” a partir de la interacción entre los “iguales y diferentes” que construyen comunes (Estrella, 1998). 

Avanzar en la descripción y formalización pedagógica y didáctica del huerto escolar, desde la perspectiva de los “sistemas observadores”, teniendo como contexto una Pedagogía de lo Común, es lo que pretendemos con este ensayo». 

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