Las olas de calor que están asolando nuestro país y el resto de Europa son la muestra más clara de que el cambio climático es un problema muy real ya. Por este motivo, por primera vez se empieza a hablar en medios generalistas de la necesidad de repensar las ciudades. 

Sin embargo, no es, ni mucho menos, la primera vez que se pone sobre la mesa la necesidad de idear y trabajar en las urbes. Desde el área de Agroecología y Territorio de Germinando llevamos años trabajando en este aspecto, apoyando a las instituciones en la creación de políticas públicas, invitando a la reflexión …

Nuestra compañera Nerea Morán, experta en esta problemática, nos propone tres lecturas para aprovechar las vacaciones de verano y descubrir algunos de los grandes ‘clásicos´ del urbanismo. Os invitamos a reflexionar sobre lo que se puede hacer para convertir nuestras ciudades en espacios más humanos, recuperar lugares de encuentro y prepararlos para afrontar la crisis ecosocial que cada día es más patente.

1. Muerte y vida de las grandes ciudades, de Jane Jacobs

Cincuenta años después de su publicación, Muerte y vida de las grandes ciudades es, según el New York Times, «probablemente el libro más influyente en la historia de la planificación urbana». Jane Jacobs, columnista y crítica de arquitectura de principios de los años sesenta, afirmaba que la diversidad y la vitalidad de las ciudades estaban siendo destruidas por algunos arquitectos y urbanistas muy influyentes.

2. Ciudades hambrientas. Cómo el alimento moldea nuestras vidas, de Carolyn Steel

La comida da forma a las ciudades y moldea el campo que las abastece. Podría decirse que alimentar ciudades tiene un impacto sobre nosotros y nuestro planeta mucho mayor que cualquier otra actividad humana. Sin embargo, pocos ciudadanos occidentales somos conscientes del proceso.

3. El derecho a la ciudad, de Henri Lefebvre

El derecho a la ciudad no es una propuesta nueva. El término apareció en 1968, cuando Henri Lefebvre escribió El derecho a la ciudad tomando en cuenta el impacto negativo sufrido por las ciudades en los países de economía capitalista, con la conversión de la ciudad en una mercancía al servicio exclusivo de los intereses de la acumulación del capital. Como contrapropuesta a este fenómeno, Lefebvre construye un planteamiento político para reivindicar la posibilidad de que la gente vuelva a ser dueña de la ciudad.

Estos clásicos hablan de recuperar espacios, de tomar conciencia de los impactos sociales y ecológicos del modo de vida urban, y de dejar a la ciudadanía que tome el control de su entorno. Pero la problemática actual nos lleva a ir más allá y generar respuestas colectivas que permitan adaptar las ciudades al cambio climático, renaturalizarlas y convertirlas en refugio de biodiversidad.

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